El Sol, el mayor enemigo de los aparatos electrónicos


En este post de hoy me gustaría hablar del Sol, pero no del Sol como la estrella donde orbitan todos los planetas del sistema solar, ni del sol cancerígeno para nuestra piel, sino del Sol como amenaza de todos los aparatos electrónicos y sistemas de comunicación que tenemos.

Tanto la NASA como la armada americana colaboran en la detección y monitorización de la superficie solar en busca de manchas solares que puedan presentar un peligro para nuestro planeta. Para ello, tienen un software de detección, supervisado por ingenieros, que está literalmente escuchando el Sol. Esta técnica de análisis de detección se llama “helisiosmología” y es muy similar a la técnica utilizada para la detección de terremotos. Con esta técnica los ingenieros o el software es capaz de detectar una mancha solar antes de que aparezca, gracias a las vibraciones de las ondas acústicas que se producen en la superficie del Sol. ¿Pero como dos entidades con propósitos tan diferentes colaboran conjuntamente? La respuesta es sencilla, para preservar las comunicaciones .

Antes de desvelar cuales son los problemas que generan las manchas solares, voy a intentar explicar de la forma más sencilla el porqué se generan estas manchas, sin llegar a parecer uno de los miles de documentales del universo emitidos en televisión.

El núcleo del Sol es un gigantesco reactor nuclear donde átomos de hidrógeno se fusionan para dar átomos de helio, estos nuevos átomos de helio liberan fotones, los cuales van promocionando por las diferentes capas solares hasta llegar a la fotosfera o superficie solar, donde los átomos son ligeramente enfriados. En esta capa hay zonas de plasma solar confinado del tamaño de la Tierra como consecuencia de los campos magnéticos irregulares que tiene el Sol, en el momento que este plasma se enfría da lugar a las manchas solares. El origen del nombre radica en la temperatura de estas zonas, las cuales son más frías que el resto y por tanto brillan menos, viéndose más oscuras a través de un telescopio.

Pero lo importante no es la presencia en sí de las manchas solares, sino lo que pueda ocurrir con ellas, ya que ese confinamiento de plasma, pueden producir bucles magnéticos, que son los arcos de luz que se vez en la superficie solar, siendo este es el primer indicativo de una explosión o tormenta solar.

El solo como estrella con un arco solar que da lugar a una tormenta solar

En el momento del estallido de una mancha solar, un huracán de carga eléctrica se dirige hacia la tierra provocando un tormenta electromagnética en nuestro planeta, llamada aurora boreal o polar, en función del hemisferio donde se divise. Pero la línea entre un maravilloso espectáculo natural y una catástrofe sin igual es muy delgada, y todo radica en el tamaño de la mancha solar e intensidad de la explosión.

Algunos podrían tachar esto de catastrofista y alarmista, pero desgraciadamente ya ha ocurrido algo parecido y no hace mucho tiempo. En 1989 se produjo una intensa tormenta solar que afectó al hemisferio norte del planeta, concretamente a Canadá. Quebec fue la ciudad más afectada padeciendo en sus propias carnes las consecuencias de esta tormenta, que en cuestión de minutos produjo una sobrecarga eléctrica de más de un millón de amperios, generando una caída de todas las centrales eléctricas. Como consecuencia, 9 horas de apagón eléctrico, cientos de millones de dólares en daños y sus consecuentes perdidas de ingresos.

En el caso de Quebec sólo se llegó a lamentar perdidas económicas fácilmente reemplazables, pero las consecuencias de una tormenta solar más potente podrían ser incalculables. Poniéndonos en situación, nuestros satélites de comunicaciones dejarían de funcionar, todas las centrales eléctricas se caerían y todos los aparatos electrónicos dejarían de funcionar, pasando de una era tecnológica a la edad de piedra. De ahí que la armada americana se tome esto tan en serio, ya que podría afectar al espacio aéreo dejando sin comunicación a los aviones. Por lo tanto, con el fin de evitar un catástrofe mayor, las diferentes agencias han diseñado un protocolo de acción de tan solo 8 minutos de duración, tiempo que tarda la luz en llegar a la Tierra.

De momento, los avances en la comunidad científica solo se centran en la detección y predicción de las tormentas, ya que desgraciadamente aún no se ha construido ninguna máquina loca, como las de Lex Luthor, para aislar el planeta de esta amenaza.

Por tanto si un día ves el cielo brillar y tu iphone hace cosas raras, haz caso a la ciencia y vete a casa, que seguro que es por la borrachera que llevas.


 

 

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