El futuro será nano


Navegando por la red, leí un titular el cual decía: “Científicos Israelíes escriben la Biblia en la cabeza de un alfiler”. A primera vista se pueden pensar varias cosas de esto, uno, que estos científicos están realmente aburridos o dos, como trabajarán los sastres Israelíes con ese tamaño de alfileres…

Pues efectivamente, el tema de hoy viene relacionado con el tamaño y aquí si que es realmente importante, concretamente a nivel atómico. Continuando con el experimento Israelí, realmente es bastante cuestionable la utilidad de tener la Biblia inscrita en un alfiler, sobre todo, a la hora de leerte unos capitulillos que ni con gafas de culo de vaso, pero aún así este experimento es claramente un anuncio de Israel al mundo sobre la capacidad de desarrollo nanotecnológico que tienen, que sin lugar a dudas tiene mejores aplicaciones que esta.

En 1989 físicos de IBM, cuando IBM era lo que al día de hoy es Apple, sorprendieron al mundo al conseguir escribir su logotipo moviendo átomos de xenón sobre una superficie de níquel. Todo esto gracias a la utilización de un potente microscopio, llamado microscopio de efecto túnel. Este microscopio es capaz de ver la superficie de cualquier material a escala atómica y es muy utilizado para detectar imperfecciones en la superficie de materiales, que en su utilización, requieren una extrema perfección, como podría ser los gigantes espejos que tienen los telescopios astronómicos, los cuales necesitan una superficie casi perfecta para obtener la máxima reflexión.

Logotipo de IBM creado mediante nanotecnología.

Por tanto, entendemos la nanotecnología como la manipulación microscópica de la materia. Una de las aplicaciones más comunes de esta tecnología en la actualidad, es la creación de los famosos nanotubos de carbono, y digo famosos porque seguramente los habréis oído en la infinidad de documentales en los que se nombra. Estos nanotubos no dejan de ser átomos de carbono colocados en una formación de tubo, con el fin de obtener una estructura con unas propiedades singulares, tanto eléctricas, mecánicas como térmicas. Obteniendo un material con una conductividad cercana a los materiales superconductores, una gran robustez y un punto de fusión muy elevado.

Estructura cristalina de un nanotubo de carbono

Si echáramos una mirada a nuestros apuntes de química de antaño, recordareis que las propiedades de un material dependen del número de electrones que tiene un átomo y de la interacción que generan sobre los electrones vecinos de los diferentes átomos a la hora de unirse para formar moléculas. Por tanto, en función de la estructura molecular creada se definen las propiedades, tanto de dureza, térmica, eléctrica, etc…Teniendo claro esto, llega la pregunta, ¿qué ocurriría si fuéramos capaces de mover los átomos a nuestro antojo para crear las estructuras moleculares que quisiéramos? Pues sí, la respuesta podría ser que estamos jugando a ser Dios, para que digan que la ciencia y la religión son incompatibles.

Pero Dios es muy listo y nos ha puesto unas cuantas reglas en este juego, llamadas mecánica cuántica. Aún así, imaginémonos que no existen limitaciones y podemos formar las estructuras moleculares que nos de la gana, ¿os imagináis como afectaría esto a nuestra vida? Complicado de imaginar ya que nada sería como lo concebimos hoy en día, debido a que alteraríamos la física de los materiales. No obstante, aunque sea complicado de imaginar, os voy a poner en situación de hasta donde podríamos llegar.

Gracias a la nanotecnología podríamos crear metales que al sufrir un impacto no se deformen, absorban esa energía y la liberen en forma de calor, sería el final de las muertes en accidente de tráfico. Podríamos crear vapor de agua a nuestro antojo y crear nubes allí donde fuera necesario, sería el final de las sequías. Podríamos crear robots del tamaño de las moléculas e introducirlos en nuestro cuerpo, dirigiéndolos a nuestro antojo hacia zonas afectadas, sería el fin de la medicina invasiva…Puede que todo esto suene un poco a ciencia ficción, pero recordad que Albert Einstein fue tratado como un loco cuando sacó su teoría de la relatividad, así que lo único que tenemos que hacer es abrir nuestra mente y divisar lo que se nos viene encima. Mientras tanto, nos tendremos que conformar con que construyan un lector de cabezas de alfiler, al menos para sacar partido a la cantidad de alfileres escritas.


 

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